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A 20 años de la muerte del Dr. René Favaloro

Hace 20 años nos dejó nuestro último gran patriota. Y efectivamente los buenos mueren, pero los buenos como Favaloro son inmortales.

René Gerónimo Favaloro nació en 1923 en una casa humilde del barrio “El Mondongo” de La Plata. A tan sólo una cuadra se levantaba el Hospital Policlínico como presagio de un destino que no se hizo esperar. Con apenas cuatro años de edad, Favaloro comenzó a manifestar su deseo de ser “doctor”.

Quizás la razón se debía a que de vez en cuando pasaba unos días en la casa de su tío médico, con quien tuvo oportunidad de conocer de cerca el trabajo en el consultorio y en las visitas domiciliarias; o quizás simplemente tenía una vocación de servicio, propia de la profesión médica.

Sin embargo, la esencia de su espíritu iba más allá de su vocación y era mucho más profunda: calaba en los valores que le fueron inculcando en su casa y en las instituciones donde estudió. Sobre esa base edificó su existencia.

A los 77 años, René Favaloro tomó la decisión de quitarse la vida y desde ese momento, su figura no ha dejado de crecer. Su legado sigue en pie y su actitud personal, profesional y política ante la vida, marcó y marca un camino a seguir.

La Fundación tenía deudas millonarias, pero el doctor sufría por la desidia, por no ser escuchado. Sus valores parecían no servir para el mundo que le tocaba vivir. Y se sintió solo.

Un final así para una de las mayores eminencias mundiales era difícil de comprender. Pero como dice la canción, los buenos mueren. Favaloro seguramente rechazaría los homenajes, solo quería continuar su labor con excelencia y compromiso social, regido por sus valores y ética inquebrantables.

Hace 20 años nos dejó nuestro último gran patriota. Y efectivamente los buenos mueren, pero los buenos como Favaloro son inmortales.

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